Luego de aquella noche, Victoria no volvió a ver a Massimo y estaba bastante feliz por eso. Estaba convencida de que mientras menos mirara a aquel ser despreciable, mejor le iría en su embarazo.
Había comenzado su nuevo trabajo en las instalaciones de Textiles Shurpie, como secretaria del área de marketing. Su jefe, Jouseed Nurman, era un Italiano bastante exigente. Su acento y tono de voz a veces provocaban fuertes jaquecas en la mujer, quien llegaba a casa soñando con aquellas órdenes.
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