Donatello recorría la ciudad como un toro furioso. Sus guardias patrullaban cada esquina, cada callejón, la humillación le quemaba. Sus socios, los medios, todos hablaban del desastre, no descansaría hasta encontrar a Vanessa y hacer pagar a su hermano.
En un bar, se encontró con Vitto Santori, el hombre estaba igual de furioso, con los puños apretados, Vitto lo enfrentó sin dudar.
—¡Eres un inútil! —gritó— ¡No pudiste mantener a mi hija a salvo! La encontraré yo, y te juro que la alejaré de ti