La abuela Greta permaneció inmóvil por unos instantes, sus ojos azules estaban clavados en las caras expectantes de sus nietas. Un tenso silencio se apoderó de la estancia mientras las chicas aguardaban su reacción.
— ¿Los Damasco, dices? —repitió al fin con voz grave, su ceño fruncido en un gesto de desaprobación— ¿Acaso se han vuelto locas? ¿Cómo se les ocurre elegir a los hermanos de un objetivo? Además, Donatello y Dante Damasco están compitiendo fuerte con nuestra empresa, le han dado a Da