La no tan esperada noche de bodas resultó ser un tormento desgarrador para la pobre Dina. Arien, lejos de mostrarse tierno y considerado, cumplió al pie de la letra las lascivas promesas que había susurrado a su flamante esposa durante la fiesta.
— ¡Por favor, Arien! ¡Me estás lastimando! —suplicó Dina entre lágrimas mientras su esposo la arrinconaba contra el cabecero de la cama.
— Esa es precisamente la idea, preciosa —ronroneó él posando sus manos rudas sobre las muñecas delicadas de la jove