La isla de Procida se extendía como un paraíso pintoresco, con sus casas de colores pastel apiñadas en las colinas, las estrechas calles empedradas y las playas de arena dorada bañadas por las cristalinas aguas turquesa del Mediterráneo.
Este encantador rincón de Italia era el lugar de origen de la prestigiosa familia Damasco, y se podía sentir el orgullo y el cariño que los lugareños tenían por sus ilustres benefactores en cada sonrisa cálida, cada saludo efusivo.
Dina, había decidido que este