Tanya observó con el corazón encogido a Dina salir de la habitación de su padre, lucía completamente destrozada, la joven caminaba como si el peso del mundo se hubiera posado sobre sus hombros, con los ojos enrojecidos e hinchados por el llanto.
Sin dudarlo un instante, Tanya se apresuró a su encuentro y la envolvió en un cálido abrazo.
—Dina, amor, ¿Qué ha pasado? Me estás asustando —musitó con voz suave, acariciando su cabello con ternura.
Dina negó con la cabeza, incapaz de contener los soll