Ernesto
Había llorado en las noches, en la cama, en la soledad de mi vida a causa de lo que estábamos a punto de cometer. Lloraba por ese hijo, el cual no defenderé. Quise limpiarle la humedad de sus ojos, pero se alejó de mí. La vi bajar del auto. En un silencio nefasto ingresamos a la casa, nos atendió una joven, tomó sus datos, nos indicaron dónde sentarnos, había dos mujeres en la sala de espera.
Ya nos encontrábamos aquí, no había vuelta de hoja. Veinte minutos después la llamaron y su mir