Gabriela
Me mordí la mano para no gritar al escuchar a Samuel echando a la chica que se prestó para hacerme el favor. —¿Así que soy una chica que vale la pena rogar?— La convencí con dinero, pero eso no lo sabrá el cabeza de chorlito. Con cuidado cerré la puerta de la habitación del frente, a donde guardó las maletas y puse seguro.
Vas a aprender, Samuel Abdala a darme mi lugar. A Bogotá regreso siendo su novia o nos vamos en blanco este fin de semana sin sexo. Lo hago, era para enseñarle. Sent