María Paula
Llegamos a las dos de la mañana a la casa donde tenían a mi sobrino. Rodrigo nos esperaba a una cuadra del dichoso lugar donde escondían al niño. Yo quería partir la puerta para rescatarlo. No sé quién será la otra bebita.
—Buena madrugada.
—Hola, Rodrigo. —Se saludaron los hombres.
A él lo distingo más o menos, aunque era un señor de más de treinta y cinco años, a lo mejor ya es cuarentón, pero estaba en muy buena forma. Uno de los cofundadores de la empresa de seguridad donde Davi