Angélica
Ingresó a la habitación de huéspedes. Ya iban a ser las nueve de la noche, tocaron a la puerta, tomé el dinero y al abrir… No puede ser cierto. Los ojos cafés de Sam se posaron en los azules míos para luego desviarse a mi abultado vientre. Volvió a mirarme. Repitió el movimiento como unas tres veces, e intentó hablar; sin embargo, no salió nada en el momento de su boca, solo me señaló el vientre, hasta que se puso a hablar.
—¿Angélica?
—Samuel.
Leonardo también se percató de mi estado,