Ana Lis.
Mientras yo me consumía en el sótano de la casa de los Lobo, pasando hambre, frío y sed, mi marido se daba lujos en un hotel de Boston con su amante. Mi suegra se empeñaba en restregarme por la cara imágenes de la feliz pareja, sentada a una mesa repleta de manjares que podrían alimentar a toda una familia.
De ninguna manera iba a aceptar el acuerdo que me proponía madame Cíntia. Sin embargo, era aceptarlo o seguir siendo maltratada por aquellos monstruos indefinidamente.
La actitud qu