— Dylan, él no va a morir.
En cuanto miré su carita abatida, me di cuenta de que intentaba ocultar su preocupación por Adriel.
Después de pasar la recepción fuimos directamente a la sala donde Adriel estaba ingresado. Las primeras figuras que vi nada más llegar fueron el señor y la señora Lobo, parecían angustiados y acababan de salir de la habitación.
— ¡Qué alegría verlos aquí! ¡Hola pequeño Dylan!
Louis nos saludó con un apretón de manos y cuando su mujer se acercó a mí, instintivamente esqu