Capítulo 20

Permanecí de rodillas, con el corazón tan acelerado como las mariposas en el estómago.

— Ese pequeña preciosa debe de estar deliciosa. Ven, déjame probarla, Ana Lis.

Me agarré con fuerza a su cuello, mientras él hacía movimientos alrededor de mi húmeda entrada con su glande. Tiró de mí hacia abajo mientras se encajaba en mi canal.

— Un poco más, Ana. Vamos, puedes hacerlo.

La ronquera de su voz me dejó con ganas de saber qué se sentiría al tenerlo dentro.

— Oh... No tengo el valor.

No sé cuánto
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