— ¡Vaya! ¿Cuánta gente va a tomar café aquí?
Sonreí intentando no mostrar mi disgusto por aquella exageración, pero agradecí saber cuál era su intención.
— ¡Es para ti! Toma asiento.
"Cuánta comida de más". Digo, mentalmente.
— ¿Podrías hacerme compañía?
Su expresión se distorsionó ligeramente.
— No puedo. Señorita Lis. — la mujer parecía nerviosa.
Sus manos se cerraron en torno al dobladillo de su delantal negro. Todos los criados de la casa visten de la misma manera, incluso el color de sus z