—¡¿Dónde está esa bruja?! ¡La voy a matar! ¡La voy a matar! ¡Todo es su culpa!
La voz de Anna resonaba por el pasillo del hospital como un trueno. Lanzaba todo lo que alcanzaba: flores, bandejas e incluso la tabla de una enfermera. Médicos y enfermeras corrían a su alrededor intentando calmarla, pero ella era demasiado fuerte para ellos.
Sia y Mia estaban allí, haciendo lo posible por contenerla, pero la furia de Anna estaba fuera de control. Su fuerza, incluso en medio de esa locura, resultaba