—Detente.
La voz de Gabriel retumbó en la silenciosa habitación.
Se detuvo en seco, con el cuerpo tenso. Cuando se volteó, la furia ardía en su mirada. Su pecho subía y bajaba rápidamente, como si hubiera contenido la respiración por demasiado tiempo.
—Ya no puedo seguir con esto.
Su voz temblaba.
—Tenemos que terminar. Quiero el divorcio.
Avanzó con pasos calculados hasta quedar frente a ella. Su mirada era amenazante, como si con eso pudiera hacerla cambiar de opinión.
—¿Tengo que recordarte q