El oficial Mathew dio un paso al frente con calma. Se inclinó y recogió las dos armas sofisticadas con las manos enguantadas. Las pistolas eran pesadas, pulidas y nada comunes. Las giró un poco, examinando la marca, el gatillo y los pequeños detalles del cuerpo metálico.
Sonrió.
—Interesante —murmuró, más para sí mismo que para nadie más.
Se enderezó y se volvió para encarar a Magdalene. Su mirada era afilada y fría, la de alguien con experiencia.
—Magdalene —dijo con firmeza—, ¿cómo conseguiste