Isla caminaba de prisa, casi con inquietud, mientras recorría el pasillo apurada. Sentía el pecho oprimido y le faltaba el aire. Necesitaba alejarse, poner tanta distancia como fuera posible entre ella y aquel sofocante salón familiar.
El embarazo de Delphine le dejó un dolor, una herida que apenas podía soportarla. Pero se negaba a llorar frente a ellos: Anna, Delphine y los demás. Querían verla derrotada; querían verla derrumbarse. No, no les daría ese gusto. Prefería ahogarse en su dolor en s