Alfred mantuvo su expresión cuidadosamente indescifrable. Sentado con majestuosidad en su silla real, no dio señales de lo que pasaba por su mente. Sin embargo, en su interior, estaba discretamente impresionado.
La forma en que Gabriel manejó el asunto, manteniéndose firme sin dejarse influir por su madre o por Delphine, demostraba algo que Alfred sospechaba desde hacía tiempo: Gabriel nunca se doblegaría ante las intrigas de Anna.
Conocía muy bien el juego de Anna. Ella y Rebecca Winthrope hab