—Estoy bien, no te preocupes —murmuró ella mientras apartaba la mirada y buscaba en la cama, pasando las manos por las sábanas.
—¿Qué estás buscando? —preguntó Gabriel, notando que ella evitaba su mirada.
—Mi celular —respondió ella, sin dejar de buscar en el colchón.
—Tu celular no está aquí, Isla. Anoche dejamos la mayoría de nuestras cosas en la sala —dijo él, inclinando la cabeza y entrecerrando los ojos—. ¿Y por qué no me miras?
Se quedó inmóvil, pero siguió sin mirarlo.
—¿Qué? No, no te e