Isla se quedó paralizada cuando escuchó su voz de nuevo.
—Suficiente —dijo Gabriel, su tono bajo pero autoritario.
Las manos temblorosas de ella se detuvieron, alejándose de su pasión ardiente. Podía sentir la mirada de él sobre ella. Los ojos de Gabriel recorrieron su cuerpo y se detuvieron en su entrada reluciente, donde los propios dedos de ella acababan de estar.
—Suficientes lecciones por hoy —murmuró él, sus labios curvándose en el tipo de sonrisa que ella nunca antes había visto en él—. Q