Capítulo 3
La fiesta había terminado. Los invitados se marcharon, dejando la casa de los Ainsworth en silencio. Gabriel e Isla también habían vuelto a su hogar.

Como siempre, cada uno se fue a su habitación. No se dijeron nada. Solo hubo silencio.

Pero Isla no durmió. En lugar de eso, sacó dos maletas grandes del clóset y comenzó a empacar sus cosas. Dobló su ropa, guardó sus zapatos y metió cada una de sus pertenencias. Esa noche ya no había lágrimas, solo una firme determinación.

A sus veinticinco años, se repitió que su vida no había terminado. Tenía sueños, metas y todo un futuro por delante. No podía seguir desperdiciándose en un matrimonio sin amor, tratando de complacer a los demás a costa de su propia felicidad.

Por la mañana, Gabriel se preparó para ir a trabajar, como de costumbre. Su rutina nunca cambiaba. Antes de salir, fue a la cocina por lo único que nunca se perdía: el consomé de pollo de Isla.

Se había vuelto adicto a él. Sin importar lo que pasara entre ellos, siempre anhelaba ese consomé. Cuando entró, Magdalene, la ama de llaves, lo saludó con amabilidad.

—Buenos días, señor Wyndham. Ya está listo su consomé.

Ella le sirvió rápidamente y se retiró. Gabriel se sentó en el banco alto, bebiendo el caldo caliente y transparente. Era tan reconfortante como siempre. No se dio cuenta de que, en otro lugar, su esposa ya estaba trazando un nuevo rumbo para su vida.

***

Isla se había levantado muy temprano. Al amanecer, ya estaba en el despacho de su abogado. Firmó los papeles del divorcio. Estaba lista para dejar a su marido.

Cuando caminaba de regreso a su auto, sonó su celular. Era su mejor amiga, Betsy.

—Recibí tu mensaje. ¿Dónde estás?

—Acabo de salir de la oficina del abogado. Ya voy para tu casa.

—Ok, aquí te veo.

***

—¡Por fin hiciste lo correcto!

Dijo Betsy al abrir la puerta. Su voz mostraba un gran alivio mientras atraía a Isla para darle un abrazo.

Isla sonrió mientras metía la maleta. La dejó junto al sillón y se sentó, sintiéndose agotada.

—Voy a regresar a Teriporto. ¿Sigue disponible ese lugar?

Betsy ladeó la cabeza y arrugó la frente. Sabía a qué se refería Isla. Años atrás, en la universidad, habían intentado empezar un pequeño negocio de joyería juntas en Teriporto.

Habían usado un departamentito de dos recámaras y convirtieron uno de los cuartos en taller. Pero el sueño se esfumó rápidamente cuando se quedaron sin dinero.

—Sí, ahí sigue. Todo está como lo dejamos. Pero, ¿qué piensas hacer con ese lugar?

—Ya te había dicho. Quiero empezar mi propio negocio. Algo que me mantenga ocupada. Algo que sea mío.

Betsy se recargó en su silla, estudiando a su amiga.

—¿En serio te quieres ir de Carminton? ¿Hablas en serio?

—Necesito un cambio de aires. Teriporto es el mejor lugar para empezar de cero.

Betsy suspiró.

—¿Ya les dijiste a tus papás?

—No. Y no pienso hacerlo. Nunca lo van a aprobar. Pero esta vez no necesito su permiso. Tengo que hacer esto por mi cuenta.

—Aunque te apoyo, Isla, sigo pensando que deberían saberlo. Y no olvides que vas a necesitar dinero. Por eso lo dejamos la otra vez, porque no teníamos cómo financiarlo.

—Ahora tengo dinero.

Dijo Isla en voz baja, con la mirada firme.

—Nunca toqué la mensualidad que me daba desde que me casé con Gabriel. Él me dio todo… menos su amor.

Betsy arqueó las cejas.

—Vaya. Así que en serio lo tienes todo planeado.

Isla se levantó lentamente.

—Sí. Me voy esta noche. Ya tengo el vuelo reservado.

Arrastró su maleta hacia el cuarto de invitados sin decir nada más. Betsy la vio irse, con el pecho oprimido por la preocupación.

Sabía que Isla era valiente, pero también estaba destrozada. Teriporto no era una ciudad fácil. La vida ahí era cara y difícil. Sin la fortuna de Gabriel o el apoyo de su familia, ¿cómo iba a sobrevivir Isla?

***

Al anochecer, Isla llegó sana y salva a Teriporto, “La Ciudad de la Vida”. El ambiente aquí era distinto, vibrante y ruidoso. Tenía miedo, pero también una gran determinación.

Tomó un taxi al viejo lugar donde ella y Betsy se habían quedado. La casita de dos recámaras seguía en pie, aunque cubierta de polvo. El portón rechinó con fuerza cuando lo abrió.

Ahí, años atrás, ella y Betsy habían soñado con construir un imperio de joyería. Ahora, Isla estaba decidida a hacer ese sueño realidad.

Metió la maleta y empezó a limpiar el polvo de las superficies. No era mucho, pero era suyo.

***

Mientras tanto, en Carminton, Gabriel estaba sumergido en su trabajo. Las juntas se alargaban desde la mañana hasta la noche y su agenda era tan apretada que apenas le daba tiempo para respirar.

Usualmente, Isla casi nunca lo llamaba. Pero ahora, sentía la ausencia de sus llamadas y su silencio era inquietante.

Cuando miró su reloj Rolex de oro, ya eran las ocho de la noche. Y seguía sin tener noticias de ella.

Algo estaba mal, era un sentimiento que no pudo identificar.

Cuando empezaba a recoger sus cosas, su mirada se posó en una delgada carpeta que reposaba sobre su impecable escritorio. En la portada, en letras negritas, se leía: “Muy Confidencial”.

Intrigado, la abrió. Dentro había un solo juego de documentos.

En cuanto leyó la primera línea, sintió un nudo en la garganta. Un Acuerdo de Divorcio.

Gabriel se quedó paralizado, sintiendo el peso de esas palabras.
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