Durante un largo instante, ninguno de los dos habló. Victor seguía de pie, inmóvil en el sitio como si el suelo fuera a moverse bajo sus pies apenas se atreviera a dar un paso. El pecho le subía y bajaba en sacudidas desiguales, los ojos fijos en Evelyn mientras la palabra “viva” resonaba en su mente. Ya no era solo un recuerdo que lo atormentaba ni un deseo desesperado.
Evelyn no podía apartar los ojos de él. Su hijo estaba de pie, una imagen que no veía desde hacía años. Cuando finalmente recu