La cocina del penthouse enseguida se llenó de movimiento. El parloteo emocionado de los niños llenaba la cocina mientras Mercy iba y venía alrededor de la isla, con las mangas subidas, batiendo la mezcla con soltura. Tray y Tracy eran quienes más se le acercaban, de puntillas para asomarse al tazón.
—¿En serio haces los mejores panqueques? —preguntó Tracy, con los ojos brillantes de ilusión.
Mercy le sonrió.
—Lo prometí, ¿no? Chispas de chocolate para quien ayude a revolver.
Los mellizos festeja