La luz tenue de la mañana se filtraba por las ventanas del penthouse. Mercy estaba frente a la barra, tarareando en voz baja mientras preparaba el desayuno. Se había recogido el cabello en una coleta, con algunos mechones sueltos enmarcándole la cara.
Llevaba una blusa entallada y sencilla, con unos pantalones cómodos para estar en casa; nada llamativo, y aun así conservaba esa elegancia natural que ahora parecía seguirla a todas partes. El olor a café recién hecho y tocino chisporroteando llena