Empezó por sus pies. Se arrodilló y le llevó un tobillo a los labios. Le besó los dedos y luego el arco del pie. Sacó la lengua para saborear su piel. Mercy gritó y encogió los dedos.
Fue subiendo con besos lentos por la pantorrilla, el hueco de la rodilla y la cara interna del muslo. Él siguió el recorrido con las manos. Le subió el vestido y dejó más piel al descubierto.
—Eres exquisita —susurró contra su muslo, mordisqueándolo apenas—. Cada centímetro de ti me enloquece.
Volvió a enderezarse