Aurelian miró el mensaje durante cinco largos segundos.
“Ábreme. Estoy aquí con mi familia”.
Apretó la mandíbula. Esa noche. En ese momento. Miró a Mercy, que seguía ruborizada por la interrupción, con el cabello suelto sobre los hombros y los labios un poco hinchados.
—Mi hermano —repitió, ya más tranquilo, aunque igual de irritado—. Quiere que lo maten.
Mercy parpadeó.
—¿Están… aquí?
—Sí. Con todo su ejército.
Se pasó una mano por el cabello y se apartó de la cama.
—Deberías vestirte —dijo, au