—¡Mami, mami! Sebastian sigue jugando videojuegos. No me hace caso —se quejó Elara mientras entraba corriendo al cuarto de Isla.
Isla estaba dentro del vestidor, de pie entre las hileras de ropa ordenada, buscando todavía un atuendo en particular. Volteó la cabeza hacia su hija.
—Elara, ve a arreglarte —dijo Isla con calma—. Yo me encargo de Sebastian, ¿sí?
—Sí, mami —respondió Elara, contenta.
Salió corriendo y volvió a su cuarto. Isla suspiró y volvió a concentrarse en el clóset.
—Gabriel, en