Día tras día, pasaron las semanas. Las semanas se volvieron meses, y los meses se desvanecieron como humo. Antes de que nadie se diera cuenta, pasaron los años.
La vida por fin se asentó.
Para Gabriel e Isla, la vida tomó un rumbo nuevo y hermoso. Construyeron juntos un verdadero hogar, no solo una casa, sino un lugar lleno de calidez, confianza y amor. Su relación se hizo más profunda con el tiempo. Ya no había enemigos al acecho. O eso creían. Ninguna amenaza esperaba para separarlos. El amor