Después de aquel día tan pesado con Anna, Isla recibió un mensaje de su padre. Quería verla. El momento fue muy inoportuno: era viernes y faltaban solo dos días para el gran lanzamiento de Casa Wyndham, programado para el domingo.
Todo para el evento estaba cuidadosamente organizado y cada detalle iba saliendo a la perfección. El equipo entero había hecho un trabajo impecable. Su dedicación había impresionado profundamente a Isla.
En las pocas semanas que llevaba trabajando con ellos, había llegado a admirar su empuje, su visión y su compromiso con la excelencia. Eran el tipo de personas que le daban esperanza, que le recordaban por qué amaba su oficio. Se prometió en silencio que, cuando creara su propia empresa, la formaría de la misma manera, con gente que tuviera grandes sueños, como los de Casa Wyndham.
Al terminar su larga jornada de trabajo, Isla manejó hasta la casa de sus padres. Estaba agotada, pero aun así acudió al llamado de su padre.
—Pasa, mi vida. Te ves agotadísima.
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