La sala de conferencias estaba repleta. Cada asiento estaba ocupado por un empleado de contabilidad o un contador sénior de las distintas filiales de las empresas Wyndham.
La mesa se extendía de un extremo a otro de la sala y reflejaba las luces brillantes del techo. Frente a cada persona había archivos, tabletas y cuadernos dispuestos con orden, pero nadie estaba concentrado en realidad.
El jefe de contabilidad ocupaba el extremo más alejado de la mesa, con la espalda recta pero la expresión ab