Cuidar a tres bebés no era nada fácil.
No era algo que Isla pudiera describir con palabras sencillas. Era agotador, exigente y, a veces, abrumador. Incluso con la ayuda de tres enfermeras y tres niñeras, dormir se convirtió en un lujo que casi nunca podía darse. Sus noches se partían en breves momentos de descanso. Sus días se le iban en alimentar, limpiar, mecer y preocuparse.
Pero, conforme pasaban los días, Isla empezó a adaptarse.
La maternidad ya no le parecía extraña ni atemorizante. Estab