Al día siguiente, Isla llegó a la oficina mucho más temprano que de costumbre. Afuera, la luz del sol todavía era tenue y pálida, y el edificio estaba tranquilo y silencioso, como si apenas estuviera despertando. Caminó por el pasillo con paso firme. Por alguna razón, hoy se sentía más alerta que de costumbre, como si algo en su interior la empujara a llegar temprano.
Al acercarse a su oficina, vio que alguien ya estaba trabajando. Su secretaria, la señorita Martin, estaba sentada detrás de su e