Capítulo 113
El comedor estaba en silencio, salvo por el suave tintineo de los cubiertos contra la porcelana. La lámpara dorada del techo derramaba una luz cálida que se reflejaba sobre la mesa de vidrio.

Gabriel e Isla comían en silencio, los dos perdidos en sus pensamientos. Cada minuto sus miradas se encontraban: era un instante breve que decía todo lo que las palabras no podían. Había algo no dicho entre ellos. Muchas cosas, en realidad.

Para Gabriel, los pensamientos eran simples, aunque pesados. Quería
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