El sol apenas comenzaba a salir cuando Tara se despertó, sintiendo una inquietud que no podía explicar. Había algo en el aire, una energía extraña que parecía llamarla. Se puso de pie y salió al balcón, dejando que la brisa fresca le despejara la mente. Desde allí podía ver los terrenos de la mansión: amplios jardines, un bosque al fondo, y más allá, un horizonte que prometía misterio.
Pero algo estaba mal.
—¿No puedes dormir? —La voz de Rhidian la sobresaltó. Se giró para verlo apoyado en el m