Un año pasó, Amaranta compartía con sus nuevos amigos, Ágata, Stella y Eve, fundó un hospital donde era directora general, junto a Xabier.
Sus días libres eran de pasear por los campos floridos de algodón y diente de león.
Sun-Hee cuidaba de los pequeños mientras ellos trabajan. Su teléfono sonó, y como siempre eran sus padres por vídeo llamadas.
—¿Hija cómo estás pasando? Ya quiero ver a mis nietos, está semana iremos tu madre y yo. — Amaranta llamó a sus pequeños.
—Estan hermosos, pronto e