Amaranta caminaba por los grandes jardines mirando el verde del campo, era hermosa la vista de los robles, en contrastes con las delicadas flores.
Llegó a las caballerizas y miró a todos los caballos.
— ¿La señora desea un caballo? — Una vos ronca y varonil la sacó de sus cavilaciones.
— ¡Eh! Si, por favor, pero que no sea muy rebelde, no soy experta en caballos.
— Mi nombre es Mario Luis, pero puede decirme cómo deseé.
— Bien Mario Luis, mi nombre es Amaranta Cristea Pierre D'Alessio, puedes d