Alessia:
Me equivoqué.
Y mi error me ha costado caro.
El “ciego” no lo era.
Era un centinela de Karman, apostado estratégicamente para vigilarme.
Ahora, todo se ha venido abajo.
Marchamos solamente los guerreros y guerreras en dirección a Tarmén, y voy descalza, adolorida y medio desnuda, atada de manos tras la montura del Voor.
***
Karman:
Al cruzar los altos riscos llegaríamos finalmente a la capital y nuestra verdadera contienda comenzaría.
No fui con mi madre por consejos, porque sabía con