—¡Oh, son divinas!- exclamó Burya.
—Sí, como no...- masculló Sarab, haciendo una mueca de desprecio.
—Ay, egipcia, no hay manera de complacerte. Nunca te gusta nada de lo que nos traen.- protestó Zai.
—Es porque son basura, lo que sobra. Saben tan bien como yo, que Cassandra siempre elige las mejores telas para sí.
En el pabellón de las Lunas reinaba el jolgorio. Las doncellas de la corte habían traído telas multicolores para que las chicas escogieran entre ellas las que utilizarían en la co