CAPÍTULO 44
—No quiere dormir… —susurró Ana cansadamente mientras mecía suavemente al bebé contra su pecho.
Oscuras ojeras descansaban bajo sus ojos, y el agotamiento se reflejaba en cada uno de sus movimientos.
A su lado, Nana preparaba silenciosamente otro biberón tibio.
—La pobre niña siente la ausencia —murmuró la mujer mayor con tristeza.
El pecho de Ana se apretó dolorosamente, porque en el fondo ella también lo creía.
El bebé volvió a llorar más fuerte.
Ana besó inmediatamente su pequeña