CAPÍTULO 6Silenciados.ANA MORGANPara cuando Damon llegó a la planta baja, el edificio ya estaba en ebullición. Las noticias viajaban rápido en su mundo, mucho más rápido que la lealtad. Los empleados levantaron la vista al verlo pasar, sus susurros siguiéndolo como sombras. Algunos le temían, otros lo admiraban y la mayoría simplemente no lo entendía. Él prefería que fuera así.Su conductor le abrió la puerta del coche, pero antes de subir, Damon se detuvo un instante. Su mirada se desvió brevemente hacia el horizonte de la ciudad. Durante un segundo fugaz, algo indescifrable cruzó su rostro.Subió al coche sin decir una palabra más.—¿A dónde, señor? —preguntó el conductor.Damon ajustó su reloj, con la voz firme.—A casa.El coche se alejó de la acera, dejando atrás el imponente edificio de cristal. En el interior, los hombres con los que una vez había hecho negocios ya estaban desesperados, haciendo llamadas, dando alarmas, intentando salvar lo poco que les quedaba.Pero ya esta
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