CAPÍTULO 50
¿Qué hice yo, hijo del DIABLO?
El cielo de la tarde colgaba pesadamente sobre la ciudad, cubierto de nubes gris pálido que amenazaban con traer lluvia nuevamente. Dentro de uno de los edificios de oficinas del centro, Ivy estaba sentada cómodamente detrás de su gran escritorio de vidrio mientras revisaba varios documentos cuidadosamente organizados frente a ella.
La oficina reflejaba perfectamente su personalidad. Las ventanas de piso a techo daban vista a las calles concurridas de