—Eso... mejor no te lo cuento, — dijo Luna.
—¡Vamos, cuéntamelo! Ahora que ya despertaste mi curiosidad, ¿cómo esperas que me quede tranquilo si no me dices nada? —Insistí, sin poder resistir la intriga, rogándole que me explicara.
Luna levantó un poco la manta y me hizo una señal para que me metiera con ella.
De inmediato me deslicé bajo las sábanas y, sin pensarlo demasiado, deslicé una mano bajo su ropa.
—Óscar... ten mucho cuidado, por favor, — susurró.
—¿Por qué lo dices? —pregunté, sintién