—¿Y yo? ¿A qué flor te recuerdo yo? —preguntó ansiosa Luna, mirándome con dulzura.
Le di un tierno beso en la frente y respondí: —Tú eres tan bella como la dalia, la rosa y la peonía.
—¿Cómo que me parezco a tantas flores? —preguntó, un poco confundida.
Entonces, le expliqué: —Digo que eres como la dalia porque, igual que esas estrellitas en el cielo, tú iluminas mis noches oscuras.
—Te comparo con la rosa porque, a pesar de que no muestras una pasión abrumadora como una dalia, posees una bellez