Hice todo lo posible por controlar mis pensamientos y, finalmente, logré levantar a mi cuñada.
La apoyé cuidadoso en mi hombro y comencé a darle un poco de agua.
Después de tomar apenas unos sorbos, volvió a sentir náuseas y comenzó a vomitar.
Preocupado por su incomodidad, le hice suaves masajes en la espalda.
Gracias a esto, poco a poco empezó a sentirse mejor.
—Óscar, ¿eres tú? ¿Y tu hermano dónde está? —preguntó somnolienta mientras recuperaba un poco de conciencia, aunque su rostro aún most