Al ver lo nerviosa y ansiosa que estaba Luna, rápidamente le sonreí y asentí, tratando de tranquilizarla. —Lo sé, lo sé.
—Luna, solo quería saludarte.
—Y como no me respondiste antes, me puse un poco nervioso y por eso te seguí.
Luna me miró con una mezcla de incomodidad y confusión, —¿Es tan importante si te saludo o no?
—Por supuesto que sí,— respondí sin dudar. Entonces vi que sus ojos reflejaban una incomodidad tímida.
Había algo en su mirada, un toque de vergüenza que la hacía aún más encan