—Cuñada, yo... yo de verdad no hice nada, — respondí con un tono tembloroso, tartamudeando debido a los nervios.
Mi cuñada se giró de repente, mirándome a los ojos, —Mírate, ni siquiera sabes mentir.
Sentí como si en ese instante me hubiera desnudado el alma y, tratando de justificarme, rápidamente solté, —cuñada, no es culpa mía, fue Paula la que me provocó.
—¿Oh? ¿Y cómo es que te 'ayudó' Paula? — preguntó mi cuñada con una sonrisa curiosa.
El miedo a que se enfadara me hizo contarle toda la v