Media hora después, llegamos a El Rincón de Sabores.
Lucía ya nos estaba esperando. Llevaba un vestido ajustado que delineaba sin reservas su figura voluptuosa. No era de sorprender que varios hombres en el restaurante le lanzaran miradas furtivas, intentando disimular un poco su interés.
Sin decir una palabra, tomé asiento justo a su lado.
Luna captó enseguida la intención de mi gesto, pero no hizo ningún comentario al respecto. Su silencio decía más que cualquier frase.
Los hombres que la obse