Rubio, en realidad, no quería venir esta noche.Fue Kallen quien insistió.
Quería que Rubio presenciara su —gran regreso—, que viera cuán poderoso y temido seguía siendo.
Pero el resultado fue totalmente opuesto.
Rubio no vio poder.
Lo que vio… fue a Kiros y a mí convertidos en dos bestias salvajes, como sacados de una película de terror.
Y el miedo lo tenía a punto de orinarse encima.
Desesperado, empezó a sacudir la puerta de la furgoneta con fuerza:—¡Quiero bajarme! ¡Déjenme salir, por favor!