Mientras yo seguía dudando, fue el propio Aquilino quien habló:—Óscar, quédate a ayudar a Patricia, ¿sí?Estos días ha estado realmente agotada.—Ella creció entre comodidades, nunca tuvo que enfrentarse a algo así.Verla tan cansada me parte el alma.
Con los dos pidiéndomelo, ya no tenía forma de negarme.Rechazarlos sería hasta grosero.
—Está bien, me quedaré y les echaré una mano —acepté por fin.
Lo cierto es que el tratamiento de Aquilino requería muchísima atención: muchas medicinas, muchos pas